Cinco minutos antes de coser

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02/02/2026

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Antes de la aguja, antes del hilo, hay cinco minutos de silencio y preguntas. En varios centros educativos de Gijón, Remendín comienza ahí, en una pausa para mirar la industria textil, los residuos que genera y el valor de no tirar. Lo que ocurre después en el aula nace de ese primer gesto.

Todo empieza siempre igual, cinco minutos antes de coser.

Sandra, del taller artesano Luciki y compañera de nuestra Asociación Cultural Mercado Ecológico y Artesano, entra en el aula sin agujas en la mano. Durante esos primeros minutos no se habla de puntadas ni de técnica, se mira, se piensa, se pregunta. Aparecen imágenes de textiles de todo el mundo, ropa acumulada, prendas que se usan poco y se tiran demasiado pronto. La industria textil, una de las más contaminantes, se cuela en la conversación junto a palabras que empiezan a cobrar sentido: reducir, recuperar, alargar la vida de las cosas. No desde el sermón, sino desde la realidad.

«Son cinco minutos muy provechosos», me decía Sandra. El alumnado está atento, participa, se da cuenta de que no van solo a coser. Cuando esos cinco minutos terminan, el aula ya es otra, la actitud ha cambiado.

Entonces sí, llegan las manos. El taller Remendín: zurcidos sostenibles propone algo tan básico como poco habitual en la educación formal, aprender a coser para alargar la vida de las cosas. Remendar como acto práctico pero también simbólico. Sobre pequeños cuadrados de tela vaquera recuperada el alumnado aprende una puntada básica mientras crea un motivo propio. No se trata de hacerlo “bien”, sino de hacerlo, de perder el miedo y de probar.

Lo que ocurre entonces se repite en todos los centros. Las aulas se calman, el ruido baja y aparece la concentración. Las profesoras miran sorprendidas, no tanto por el resultado final como por el proceso, el silencio, la atención sostenida, la forma en que el tiempo se desacelera y las manos empiezan a trabajar.

Al final, casi siempre pasa lo mismo. Todos terminan su pieza y ese rectángulo cosido se convierte en una funda de móvil, de tablet o de portátil. Un objeto útil, hecho por ellos mismos, que muchos deciden regalar a una madre o a una abuela que les enseñó a coser, a alguien cercano. Un regalo sin coste económico pero cargado de tiempo, intención y cuidado. Eso esRemendín.

El proyecto se ha desarrollado en distintos centros educativos de Gijón, entre ellos el Centro de FP Específica Fundación Revillagigedo, el Colegio La Milagrosa, la Escuela de Segunda Oportunidad, los IES Doña Jimena, Emilio Alarcos, Padre Feijóo y Roces, así como el Patronato San José, con alumnado desde primero a cuarto de la ESO y Formación Profesional Básica.

Forma parte de la programación educativa del Servicio de Promoción e Internacionalización de Gijón, dependiente de la Dirección General de Alcaldía, Coordinación y Proyectos de Ciudad del Ayuntamiento de Gijón, y se enmarca en las políticas medioambientales de la Unión Europea vinculadas a la economía circular, la reducción de residuos y el consumo responsable.

La materia prima del taller también cuenta su propia historia. Las telas vaqueras utilizadas proceden de prendas en desuso facilitadas por Koopera, entidad vinculada a Cáritas que trabaja en la recogida y reciclaje textil como vía de inserción social. Ropa que iba a ser descartada y que aquí encuentra una segunda vida transformada.

Más allá de los contenidos curriculares, el taller deja aprendizajes menos visibles: paciencia, atención, coordinación, confianza. La certeza de que cualquiera puede coser, tenga más o menos habilidad. De que el trabajo manual también ordena por dentro.

Sandra lo repite una y otra vez, «en todos los grupos, siempre hay alguien que ya sabe coser. A veces dos, a veces cinco y casi siempre, detrás, una abuela o una madre». Un saber que se transmite sin libros y que, cuando aparece en el aula, conecta generaciones.

Entre todas las experiencias, hay una que Sandra me cuenta con especial intensidad. Una clase formada íntegramente por chicos, alumnado de formación profesional en la especialidad de soldadura. Al principio las risas nerviosas, la broma fácil ante la aguja y el hilo. Pero bastan esos cinco primeros minutos para que algo se recoloque. Las risas dan paso a la escucha, la escucha a la implicación y el aula vuelve a llenarse de ese mismo silencio atento que atraviesa todo el proyecto.

Desde la Asociación Cultural Mercado Artesano y Ecológico estamos orgullosos de ser parte de este proyecto, porque entendemos estos talleres no como actividades aisladas, sino como espacios donde se cruzan educación, artesanía, sostenibilidad y comunidad, donde lo que permanece no siempre se ve, pero se siente.

Quizá por eso, cuando el taller termina, nadie tiene prisa. Las bolsas se guardan con cuidado, el hilo sobrante se enrolla. Y algo, aunque no sepamos nombrarlo, queda cosido un poco más adentro.

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