El 14 y 15 de marzo, la Plaza Mayor vuelve a acoger una nueva edición del MAE, Mercado Artesano y Ecológico de Gijón. Artesanía hecha a mano, alimentos ecológicos y un proyecto ciudadano inspirado en los corales marinos darán forma a un fin de semana donde creatividad, naturaleza y participación se encuentran.
El 14 y 15 de marzo, la Plaza Mayor vuelve a acoger una nueva edición del MAE, Mercado Artesano y Ecológico de Gijón. Artesanía hecha a mano, alimentos ecológicos y un proyecto ciudadano inspirado en los corales marinos darán forma a un fin de semana donde creatividad, naturaleza y participación se encuentran.
A veces basta mirar de cerca para descubrir mundos enteros. En una pequeña esfera de cristal puede caber un paisaje, un instante detenido, una sensación de calma. Esa mirada atenta hacia lo pequeño es también la que define al MAE, que los días 14 y 15 de marzo volverá a llenar de vida la Plaza Mayor de Gijón en horario de 11:00 a 15:00 h y de 17:00 a 21:00 h, domingo hasta las 20:00 h.
Este fin de semana, el corazón de la ciudad se transformará en un espacio donde el tiempo parece moverse de otra manera. Aquí las cosas no nacen deprisa. Cada objeto, cada alimento y cada idea forman parte de un proceso que empieza mucho antes de llegar al mercado: en un taller, en un obrador o en una pequeña explotación agrícola.
Ese es precisamente el espíritu que da sentido a este encuentro: detenerse, observar y valorar aquello que se crea con dedicación.
El recorrido por el mercado permitirá descubrir el trabajo de artesanos que mantienen vivos oficios muy diversos. Entre los puestos aparecerán piezas de azabache, cuero, talla de madera, telar, joyería, vidrio, pintura o cerámica, cada una con su propio lenguaje y personalidad.
En cada objeto hay horas de trabajo silencioso, aprendizaje acumulado y una relación directa con los materiales. La madera, el metal, el hilo o el vidrio se transforman lentamente en manos expertas, dando lugar a piezas que no se repiten exactamente igual.
Más que un escaparate, el mercado funciona como un lugar de encuentro entre quienes crean y quienes sienten curiosidad por descubrir cómo nacen esas piezas únicas.
La gastronomía forma también una parte esencial de esta experiencia. Los visitantes podrán encontrar productos elaborados por pequeños productores que trabajan con materias primas de calidad y procesos respetuosos.
Entre los puestos habrá quesos, miel, mermeladas, embutidos, pan, vino y productos de huerta ecológica, alimentos que reflejan el cuidado por el origen y el respeto por los ritmos naturales.
Son sabores que hablan del territorio y de quienes lo trabajan, y que recuerdan que la producción a pequeña escala sigue siendo una forma valiosa de mantener la diversidad alimentaria y cultural.
Un proyecto ciudadano inspirado en el fondo del mar
En esta edición, el mercado será también punto de partida de un proyecto colectivo que conecta ciencia, creatividad y participación ciudadana.
El Centro Oceanográfico de Gijón celebrará a finales de 2026 en Barcelona un congreso internacional dedicado a los corales de profundidad del océano Atlántico y del mar Mediterráneo. Como parte de las actividades vinculadas a este encuentro, se propone crear un gran fondo marino tejido a ganchillo que represente distintas especies de coral.
La iniciativa toma como referencia el proyecto TRAMARES, desarrollado en Chile, y se construirá de manera colaborativa con la participación de la ciudadanía.
El mercado servirá como uno de los espacios donde comenzar a compartir esta idea e invitar a la gente a formar parte de ella. Posteriormente, la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular de Gijón, a través de la Universidad Popular, organizará talleres de ganchillo en distintos Centros Municipales Integrados de la ciudad para continuar tejiendo este gran paisaje submarino colectivo.
Es un lugar donde se comparten conocimientos, donde surgen proyectos colaborativos y donde la ciudad encuentra una forma distinta de reunirse.
Quizá por eso cada edición funciona como ese pequeño universo que se observa cuando miramos a través de una esfera de cristal: un espacio donde naturaleza, creatividad y comunidad conviven durante unos días, recordándonos que muchas de las cosas más valiosas nacen precisamente de lo pequeño, de lo cercano y de lo hecho con las manos







